lunes, 2 de febrero de 2009

Papá Puerco de Terry Pratchett

Es sorprendente lo fácil que es recuperar la costumbre y el buen rollo que suelen producirse al leer las novelas de Mundodisco... jesús, qué fácil es volver a leer a estos personajes.

Papá Puerco de Terry Pratchett

Argumento: Es la Vigilia de los Puercos, la fiesta invernal que marca el año nuevo en el Mundodisco. Los niños duermen y esperan que Papá Puerco baje por la chimenea y les deje sus regalos. Sin embargo, algo extraño está ocurriendo. El visitante no es un anciano tripudo de barba blanca. Recuerda más bien a un esqueleto. No se aclara mucho con el almohadón que lleva atado a la cintura debajo del traje rojo. Exclama «¡JO, JO, JO!» en tono fúnebre y parece más acostumbrado a usar la guadaña que a repartir caramelos dentro de los calcetines. Pero alguien tiene que hacer el trabajo, porque Papá Puerco está? bueno, a falta de palabra mejor, muerto. Y si para mañana por la mañana no creen en él las suficientes personas, el sol no asomará por el borde del mundo.
En esta nueva novela (que debería llevar un aviso en portada por su tremenda adictividad) el destino del Mundodisco queda en manos del auténtico sentido de la fiesta más entrañable del calendario, que es poner regalos bajo el árbol y comer hasta reventar. ¿O era la paz y la buena voluntad? Quizá su sentido último sea otro, olvidado hace tiempo.

Y como podéis suponer con sólo leer el argumento, el tal Papá Puerco no es otro que la versión de Papá Noel en Mundodisco y quien le tiene que sustituir es, bueno... La Muerte. Pero no sólo La Muerte se ve envuelta en la trama, tanto los magos (como siempre liderados por Ridcully), como la familia de La Muerte, un Oh Dios surgido de sabe-Dios dónde, el Gremio de Asesinos y unos cuántos más que descubriréis en cuánto leáis la novela...
Los magos superiores de la Universidad Invisible estaban de pie y miraban la puerta.
No había duda de que quien sea que la había cerrado quería que se quedara cerrada. Docenas de clavos la fijaban al marco. Habían clavado tablas a través. Y finalmente, hasta esta mañana, había estado escondida tras una estantería que había sido colocada delante de ella.
—Y está el cartel, Ridcully —dijo el Decano—. Lo has leído, supongo. ¿Sabes? ¿El cartel que dice ‘Bajo ninguna circunstancia, no abra esta puerta’?
—Por supuesto que lo he leído —dijo Ridcully—. ¿Por qué piensas que quiero abrirla?
—Er... ¿por qué? —dijo el Profesor en Runas Recientes.
—Para ver por qué la querían cerrada, por supuesto.
(Ridcully a pleno rendimiento)

Es increíble lo fácil que se puede conectar con un personaje como La Muerte (y ya me diréis cómo es posible conectar con el Segador... con el que aparece en el Último Momento – y siempre hay tiempo para otro Último Momento -, con Ridcully – impagable la escena de la ducha -, con Ponder Stibbons – el único cuerdo dentro de la Universidad de la Magia, bueno... cuerdo, cuerdo, lo que se dice cuerdo... tampoco es que lo sea demasiado, pero vamos... - o con Nobby... y si ya es difícil conectar con La Muerte, no digamos con Nobby.
Como siempre, hay giros argumentales sorprendentes, hay personajes sumamente atractivos – tanto clásicos como nuevos – y la lectura es sumamente agradable... y rápida, muy rápida.

Si no estáis leyendo ya la saga de Mundodisco... no sabéis lo que os estáis perdiendo.