miércoles, 25 de agosto de 2004

El día que me convertí en friki…

¿Ustedes recuerdan el día en el que se convirtieron en frikis?
Pues yo sí.
Fue el día en el que mi madre (¡¡será insensata!!) me compró “La muerte del Capitán Marvel
Estaba el otro día pensando, no se preocupen, no lo hago a menudo, si lo hiciese, la única neurona que tengo estaría casi gastada, y tampoco es plan…, pues eso, que estaba pensando como me introduje de forma definitiva en lo que es mi afición más antigua, es decir, los cómics (el baloncesto está cercano en fechas, pero bueno, estoy hablando de cómics).
Curiosamente, recuerdo con total exactitud la fecha, es posible que la recuerde porque era mi cumpleaños, y también porque está apuntada en el cómic. Les cuento, mi madre siempre ha tenido la manía de apuntar la fecha en la que compra los libros, concretamente, en la primera hoja del mismo, por suerte, eso nunca ha pasado en los cómics, pero es que este era especial, era una… ¡¡novela gráfica!!, y claro, merecía quedar marcada para la posterioridad…
(Ahh, si tienen interés, el cómic en cuestión es el que se encuentra en el enlace)
Les cuento, mi cumpleaños, el cual, si tienen interés, es el 25 de junio (el año va cambiando), bien, pues ese mismo día, pero de 1984, estaba yo con mi madre camino de un circo (síp, para los que son de Coruña, a ver si lo recuerdan, para los que no, así saben como funcionaban antes las cosas) que estaba situado en donde ahora se encuentra el Corte Inglés, pues bien, por alguna extraña razón, mi madre creía que me haría ilusión ir al circo esa mañana, francamente, nunca he sabido como funcionan las madres en ese sentido, siempre creen que nos apetecerá a hacer algo que nunca (y bajo ninguna circunstancia) nos apetecería hacer, pues bien (sip, lo sé, me repito) camino al circo desde mi casa, había una librería y mi madre cometió un error, entró a comprar el Semana (o el Diez Minutos, no lo recuerdo) para mi abuelo que era un gran aficionado a las revistas de corazón, y yo entré con ella. Cuando ví esa portada, supe que ese tebeo era mio, tenía que ser mío, así que fui hacia mi madre con el tebeo en las manos y dije: “Lo quiero”. Mi madre, creyendo que podría evitarlo, me dijo: “Si te compro el tebeo, luego no vamos al circo” (aquí tengo que decir que el precio del tebeo en 1984 era de 550 pesetas, ¿recuerdan cuándo eso parecía una gran cantidad de dinero?), a lo que yo, para su sorpresa, contesté: “Vale”.
Obviamente, después de las compras fuimos hacia el circo, pero debió sospechar algo (supongo que el que fuese durante todo el camino con el cómic entre las manos mirando la portada con cara de flipado, le ayudó de algo) y, cuando llegamos allí, me preguntó si quería entrar en el circo o volver a casa a leer el cómic. Supongo que ya sabrán cuál fue mi respuesta…
Francamente, no recuerdo la impresión que tuve cuando lo leí por primera vez, lo que recuerdo con total claridad es el principio, nop, no me refiero al: “Nací como Mar-Vell, un hijo del Imperio Kree…”. Me refiero al “¡Termina la historia!”, sí, al breve comentario que hace Jim Shooter sobre la creación de este cómic.
Eso sí que me marcó, fue el primero de los héroes que realmente murió (y por suerte, sigue así) y el que me hizo ver que realmente podían morir. Yo no conocía de nada a Mar-Vell, me sonaba la pinta y tal (creo que ya había aparecido en los Vengadores), pero realmente no sabía nada de él, exceptuando que se le llenaba la cara de estrellas cuando buscaba algo, me metí en su vida, la disfruté y, lo reconozco, lloré cuando se murió. No sabía muy bien por qué lo hacía, pero sentí mucha pena cuando finalmente muere. Luché junto a él contra Thanos, sentí miedo cuando ví la reacción de Spiderman y sentí mucha pena cuando murió. Digamos que no fue mi cumpleaños más alegre, pero les aseguro que no lo cambiaría por nada.

Nada más.

Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaadios